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En 1976, unos periodistas de la Televisión Sueca entrevistaron al presidente del partido conservador de Alemania Federal (C.D.U.), el señor Fran Josef Strauss. Y de manera inesperada el señor Strauss les hizo observar a los periodistas el hecho de que se expresaban mal en alemán.
Desde el punto de vista lingüístico, él, con toda seguridad, era competente para apreciar debidamente el conocimiento del alemán por los suecos. Además, desde el punto de vista táctico, es muy probable que consiguiera disminuir el prestigio de los periodistas delante del público y también desviar ligeramente la atención de los espectadores de problemas más importantes e incluso evitar una respuesta más precisa, más incómoda.
No hay ninguna duda de que los suecos aprenden idiomas -y principalmente el inglés- en mejores condiciones y durante más tiempo que otros pueblos. Sin embargo, el diario de Estocolmo "Svenka Dagbladet" del 28 de mayo de 1975 publicó un artículo titulado "Los suecos son los que mejor hablan el inglés, pero los ingleses no los comprenden". Según este artículo, más del 60% de los estudiantes no pueden hacerse comprender en Inglaterra, aunque conocen esta lengua mejor que los estudiantes de otros países. Entonces, ¿qué podrán expresar estos últimos en inglés?
En Holanda, el inglés tiene una posición privilegiada en las escuelas; sin embargo, fuera de los límites de este país y de la parte flamenca de Bélgica, muy poca gente se inclina a aprender holandés, lo cual obliga a los holandeses a someterse a la presión de las tres lenguas más fuertes de la Comunidad Europea -el inglés, el alemán y el francés-, es decir, a aprender por lo menos una de ellas.
Sin embargo, el diario "Intermediaire" ha publicado un artículo bajo el título "La lengua inglesa maltratada"; resulta que errores de toda especie abundan en los escritos de los sabios holandeses que utilizan el inglés. El autor, especialista en lengua inglesa en el campo de las ciencias, constata que el nivel de conocimiento es tan bajo que con frecuencia es necesario un gran esfuerzo para comprender lo que han querido expresar, y todo eso a pesar de sus numerosos años de estudio. Esos autores científicos piensan generalmente según el espíritu holandés, de tal manera que aquellos que hablan otras lenguas, incluidos los anglófonos, no comprenden más que en parte sus obras y artículos. En el país vecino -República Federal Alemana- la situación no es más envidiable. He aquí lo que ha escrito un librero berlinés, Luis Beaucaire: «Este mes pasado, el director del Liceo Francés se quejaba ante mí de que los profesores alemanes no suelen respetar el reglamento y suelen utilizar el alemán en lugar del francés. El profesor de literatura griega habla sobre Platón en alemán, diciendo que no ha encontrado la traducción francesa de este clásico.» De la República Federal Alemana a Francia, encontramos de nuevo el problema. Por ejemplo, un universitario escribía en la revista "La Recherche" de febrero de 1977 que era necesario para los científicos participar de vez en cuando en congresos internacionales, y agregaba: «Afirmo sin temor a ser desmentido que el número de colegas capaces de seguir la discusión no debe de superar el 10%: es decir, aquellos que han tenido el tiempo libre o los fondos necesarios para pasar varios años en EE.UU. y dominar la lengua (...) Nuestras intervenciones en las discusiones son con frecuencia lamentables porque no hemos comprendido completamente; eso, junto a nuestro acento, nos hace pasar por subdesarrollados (...) Sólo sé que el problema de la comunicación en los congresos no ha sido nunca considerado seriamente; que los francófonos han sido objeto de una verdadera agresión cultural por parte del inglés (es necesario haber visto a todos los colegas anglófonos levantarse y abandonar la sala desde el primer momento en que se toma la palabra en francés)».
El profesor Pierre Janton, que enseña inglés en la universidad de Clermont-Ferrand, ha comprobado igualmente el resultado nada satisfactorio obtenido por los estudiantes, a pesar de numerosos años de estudio, a pesar de un material audiovisual muy costoso. Con ocasión de una conferencia afirmó que «sólo el 3% de los estudiantes son capaces de entenderse con un inglés culto, después de 7 años de estudio».
El diario checo "Mladá fronta" del 19 de junio de 1975 publicó un reportaje sobre la experiencia "Soyouz-Apollo". He aquí los comentarios:
«De todo el entrenamiento de los cosmonautas para la experiencia Soyouz-Apollo, lo más difícil fue el estudio de las lenguas». La ventaja estaba del lado de los soviéticos, pues ya habían aprendido antes el inglés. Sin embargo, con los otros miembros del Estado Mayor, consagraban cada semana 20 horas a su estudio (...) E. Cernan, el último hombre que puso el pie sobre el suelo lunar, ex-director adjunto de la parte estadounidense del proyecto (entre otras cosas, nieto de emigrados eslovacos en EE.UU.), se quejaba al reportero de "Novosti": «Me fue infinitamente más fácil ir a la Luna que dominar las bases del ruso». Podríamos preguntarnos ahora: «¿Conseguirá la humanidad vencer las barreras lingüísticas sobre la Tierra al igual que ha vencido la gravitación en el cosmos?»
El director de la Orquesta Sinfónica de Amsterdam rechazó un día, igualmente a causa del problema lingüístico, una invitación para dirigir una orquesta moscovita. Dijo que «la lengua es una barrera demasiado grande», y al asegurársele que tendría un intérprete, contestó: «El contacto con una orquesta es algo muy personal como para hacerlo de esa manera». Un artículo de Claude Piron sobre la comunicación en las relaciones internacionales ha aparecido en la revista "Documents pour l'Enseignement" (17/1, janvier-mars 1976). El autor es uno de los poquísimos funcionarios que haya traducido en las Naciones Unidas de varias lenguas (inglés, ruso, español y chino) al francés, y después en la Organización Mundial de la Salud. El señor Piron escribió, entre otras cosas, que la solución actual «consiste en estropear lenguas difíciles como el francés y el inglés, después de años y años de estudio, en unas reuniones donde reina una bonita desigualdad lingüística y donde de todos modos no se comprenden sin intérpretes ni traductores».
En lo que concierne a la Comunidad Europea, sus servicios dilapidan gran parte de un presupuesto cada vez en aumento para tener y dar la ilusión sobre una igualdad de las lenguas de la C.E.E. Ese semblante de igualdad exige mucho dinero (12.500.000 libras en 1975), mucho papel (270.000 páginas traducidas en Bruselas, sólo en 1976), numerosos funcionarios (la traducción y los servicios que le son adscritos ocupan al 38% de los funcionarios), y un gran esfuerzo intelectual. Durante ese tiempo, todos los gobiernos de la C.E.E. repiten que el período actual de crisis exige ahorro de dinero, de fuerzas, de materias primas y de energía. La información siguiente, aparecida en "La Libre Belgique" el 21 de enero de 1976, tiene así mismo un gran valor como ejemplo y advertencia, principalmente para el mundo del trabajo, las organizaciones y partidos, pero también para todas las asociaciones y todos los movimientos, que podrían sacar un gran provecho de la acción y de la experiencia de aquellas organizaciones que actúan con el mismo objetivo en el extranjero. He aquí dicha información:
«Durante la conferencia europea socialista que tuvo lugar a principios de año en Elseneur (Dinamarca), el problema lingüístico representó un papel inesperado. Un día, después de una sesión de trabajo difícil, los intérpretes abandonaron repentinamente micrófonos y auriculares, pues querían comer a una hora apropiada. Los intérpretes interrumpieron la traducción de un discurso empezado por el primer ministro danés. Por tal motivo, el orador, que quería ser comprendido por los dirigentes socialistas de los diversos países, decidió abandonar la sala y se marchó también a comer. Los otros delegados hicieron lo mismo». Como se puede ver, es siempre peligroso dejar demasiada fuerza y poder a un pequeño número de personas: es particularmente interesante explorar un poco las ventajas de que disfrutan los intérpretes de la A.I.I.C. (Association Internationale des Interprètes de Conférence), que tiene unos 500 miembros. Sólo algunas capitales están equipadas y detentan en cierto modo el monopolio de las reuniones internacionales (Bruselas, Génova, Londres, París...) No hay intérpretes en los países del Tercer Mundo: cuando una conferencia o un congreso tiene lugar en uno de estos países, es necesario pagarles el viaje de ida y vuelta en primera clase, los honorarios y la estancia.
Algo más lejos, en el Japón, el profesor Seisho Nishi escribía: «El telón de acero de las lenguas se levanta también delante de nosotros los científicos, lo que entorpece mucho el progreso de las ciencias. Por lo demás, se hizo la experiencia en el Congreso Internacional de Ciencias Hereditarias que tuvo lugar en 1957 en nuestro país. La lengua inglesa era la única oficial, y numerosísimos participantes japoneses debieron asistir completamente o casi completamente como sordomudos».
El problema es todavía más perceptible en aquellos países que en otro tiempo fueron colonias, donde el estudio de las lenguas era y sigue siendo posible sólo a las capas privilegiadas de la sociedad. En su libro "Lingüística y colonialismo" (p. 85), L.J. Calvet escribía con razón que «la relación entre lengua dominante (el inglés) y lenguas dominadas existía en tiempos de la colonización, y existe todavía hoy: en el África "anglófona", el inglés es tan lengua de clase como el francés en el África "francófona"».
En 1976 tuve ocasión de formular la pregunta siguiente al señor Kamitatu, exministro de Asuntos Exteriores del Zaire y compañero de Lumumba: «¿Qué piensa usted del estado de sumisión lingüística y cultural a que son sometidos los pueblos liberados del yugo colonial, obligados en la escena internacional a expresarse en las lenguas de sus antiguos amos y de las potencias neocolonialistas actuales?» Kamitatu respondió: «Yo repito siempre una expresión, que no es mía... que es de un escritor francés: No hay peor dominación que la dominación cultural. La alienación más grave es la alienación cultural (...) Hay algunos países que han comprendido que es absolutamente necesario despojarse del vehículo del pensamiento de los otros para adoptar el vehículo por el cual se puede expresar su propio pensamiento». ¿Es que la respuesta de Kamitatu no concierne también a todos los pueblos de los países no anglófonos? Por supuesto que sí, principalmente al mundo del trabajo. Además -como hemos podido comprobar- la lengua inglesa no resuelve el problema de la intercomunicación ni satisface las necesidades de hombres que tienen, para aprenderla, muchas más posibilidades, facilidades y tiempo que cualquier trabajador. Sabemos, por ejemplo, que EE.UU. inunda el mercado mundial del disco con sus producciones, aunque el porcentaje de compradores que entienden inglés sea muy bajo. Muchos jóvenes reconocen que compran discos de EE.UU. o de Gran Bretaña únicamente por sus cualidades rítmicas y musicales, a veces por una incontestable armonía o vigor de las melodías o de los sonidos, pero nunca por el texto o el tema.
Sólo en Francia, según el Sindicato de Autores y Compositores, las emisoras periféricas emiten un 60% de discos en lengua inglesa. Por el contrario, la venta de discos de países de otras lenguas no es posible en EE.UU. más que después del pago de un anuncio cuyo solo coste es desproporcionado en relación con el eventual producto de la venta. Esto significa en la práctica que esa venta es imposible. Así encontramos un paralelismo entre los productos de los países en vías de desarrollo sobre el mercado de los países industrializados y los productos de esos mismos países industrializados sobre el mercado estadounidense. Constatamos que cada país es más o menos la colonia de otro. Y, de cualquier manera, de EE.UU. Cuando el aprendizaje de las lenguas es en sentido único, el provecho es también en un solo sentido.
A este respecto, la obra ya mencionada de L.J. Calvet revela con numerosos ejemplos y citas la importancia del factor lingüístico en el proceso de dominación. Es de subrayar que con ocasión de la dominación colonial francesa en Argelia, las cuestiones relativas a la educación dependían del Ministerio de la Guerra. La frase siguiente, extraída de un informe de inspección redactado en 1854 por el general Camou, está llena de significado: «La instrucción pública indígena deja mucho que desear; desde luego, debemos confesar que no ponemos mucho entusiasmo en darle mucha extensión, en la imposibilidad de vigilarla y dirigirla en un sentido favorable a nuestros intereses y nuestra política».
Esto no significa que la situación sea en todo punto satisfactoria en los países de lengua inglesa. Unas excolonias de Gran Bretaña han abandonado el inglés, entre otras Tanzania, Kenya, Ceylán, y han adoptado una lengua que les es propia. En India, a pesar de una estancia muy larga de los británicos, sólo un 2% de la población sabe inglés, y de este porcentaje el número de trabajadores es risiblemente bajo. En EE.UU., igualmente debido a que el estudio de lenguas no es obligatorio, los estudiantes escogen otras materias. Esta crisis es a todas luces comprensible a causa de la actitud irresponsable de quienes aconsejan adoptar el inglés como lengua internacional. El esfuerzo de los estudiantes no anglófonos libera a los anglófonos del esfuerzo inverso.
El problema lingüístico es complejo; cada vez estamos más de acuerdo. Ciertas ilusiones con relación al inglés desaparecen, pero otras se imponen. A las ilusiones de los padres, que tienen tendencia a creer que sus hijos e hijas saben una lengua extranjera, se unen las ilusiones de estos últimos cuyo entorno está saturado por palabras y expresiones inglesas. Nosotros podemos leer en el Zamenhofa Proverbaro que «en el país de los ciegos, el tuerto es el rey». Es posible que Willy Breinholst, periodista danés, escritor y humorista, nos haya facilitado el porqué de esta creencia cuando ha escrito: «Cuando un danés ha bebido tres copas empieza a cantar; después de seis copas, empieza a hablar en inglés».
He citado intencionadamente unos ejemplos que tienen al menos relación con el periodismo, la enseñanza superior, la exploración científica y con el mundillo de los traductores e intérpretes, es decir, una minoría que ha cursado estudios durante un tiempo considerablemente más largo que los demás. Es extraño comprobar que precisamente estas personas, competentes especialistas, sienten dificultades a causa del caos lingüístico, mientras que gentes ordinarias, que no tienen ninguna experiencia en las relaciones internacionales, que balbucean algunas palabras de inglés, e incluso que no saben nada, se aferran a la idea de que esta lengua resuelve el problema y de que se convertirá en la segunda lengua para todos.
Muchos profesores de lenguas reconocen abiertamente que están desilusionados por unos resultados indiscutiblemente bajos en relación con el esfuerzo que ellos han realizado para enseñarlas. Es casi inconcebible que unos profesores que aman de verdad las lenguas que enseñan, puedan continuar aceptando que los jóvenes consagren tanto esfuerzo y tiempo en conocer apenas una de ellas, de tal manera que este conocimiento se muestra ulteriormente sin valor desde el punto de vista cultural e inútil para la utilización práctica. Las estadísticas muestran generalmente que el inglés es estudiado casi por todas partes, pero nunca mencionan el porcentaje de fracasos, ni los resultados de este estudio, que es imperfecto a pesar de un apoyo financiero inestimable, directo o indirecto, a pesar de una propaganda machacona, directa o indirecta, a pesar de unos profesores cualificados y de unas facilidades de toda especie (entre otras, las estancias en Inglaterra, los cursos pagados por empresas...), a pesar de los esfuerzos, el tiempo consagrado y las ventajas prometidas.
Un largo artículo aparecido en "Le Monde de l'Education" en mayo de 1976 es muy instructivo en este sentido. Es el resultado de investigaciones hechas por unos estudiantes bajo la dirección de Juan Guénot, maestro de conferencias del instituto de lengua inglesa (Universidad de París VII). Ese artículo muestra que se fundan numerosos laboratorios de idiomas, escuelas de lenguas privadas, cuyo fin principal es sacar provecho de ese estado de ánimo y de cosechar, a veces sin grandes desembolsos, los frutos del "comercio de ilusiones", de la credulidad de los clientes. Hay que pagar caro para recibir unos buenos cursos, un método de enseñanza adecuado y profesores competentes. Pero, aunque han pagado entre 3.000 y 6.000 francos antes de empezar, muchísimos clientes abandonan el estudio antes de alcanzar la última lección. Sin embargo, el complejo de inferioridad y la obsesión que resulta de la publicidad insidiosa y aplastante son tan fuertes que, por medio de una estrategia astuta, se consigue con frecuencia que otras escuelas de lenguas consigan repescar a los clientes, que vuelven a pagar para llegar a un nuevo fracaso, por creer todavía que sabrán finalmente el inglés en poco tiempo, sin demasiada dificultad y esfuerzo intelectuales. La última parte de este artículo se titula "La lengua del dólar". Muestra el mecanismo de esa actitud. Es cierto: mucha gente vive en un estado de hipnósis ante la "civilización estadounidense". El último párrafo termina con esta frase: «Ellas [las ilusiones] permiten hoy numerosas estafas a la esperanza». Hay un consuelo en ello, y es que muy pocos trabajadores son víctimas de dicha propaganda engañosa, principalmente por falta de dinero y de tiempo. Además, muchos de ellos no sienten verdadera necesidad de una segunda lengua para ponerse en relación con extranjeros o no tienen conciencia precisa sobre la evolución rápida del mundo actual. La situación no es la misma para los padres cuyos hijos aprenden o desean aprender una lengua extranjera.
De diferente manera y en diversos grados, los profesores, los alumnos y sus padres, las personas que tienen contactos con extranjeros, los contribuyentes, son víctimas de una política lingüística incoherente, costosa y discriminatoria. Cada vez más profesores de inglés detestan el papel que juegan actualmente. En "Le Monde de l'Education" de abril de 1977 han aparecido varios artículos sobre las lenguas vivas. Entre otros, el señor Duneton, profesor de inglés, escribía allí sobre la enseñanza en esa rama. Comprueba amargamente que «el profesor de lengua inglesa se ha convertido en una especie de cooperador. Se encuentra un poco en la situación de un maestro árabe enseñando el francés antes de la colonización - o quizá en la de un auvernés enseñando latín en el año 40».
Por consiguiente no son los profesores de inglés los culpables de ese estado de cosas, es la actitud gregaria del público, quien no analiza la situación o que no tiene los elementos necesarios para analizarla. A la juventud le falta desgraciadamente información y una posibilidad de escoger. Y si hay elección, está falseada por los medios de influencia, como la publicidad, los discos... que extienden la impresión e incluso la firme convicción -firme aunque desprovista de fundamento- de que el problema lingüístico está perfectamente resuelto, ya sea por el multilingüismo, por la ayuda de los servicios de traducción e interpretación, o más generalmente por el conocimiento de la lengua inglesa.
Pero las ilusiones no duran eternamente. Es por lo que, entre las necesidades más urgentes, figura la de un "denominador lingüístico común", el cual permitiría la solución del problema con unos gastos mínimos, en un tiempo razonable y en las condiciones mejores, con un esfuerzo mínimo, pero con una eficacia óptima.
En lo que respecta a los trabajadores, es dudoso que ellos encuentren el tiempo necesario para tener éxito ya que los mismos estudiantes fracasan a pesar de unas posibilidades de estudio, si no satisfactorias, por lo menos incomparablemente más favorables. Las estancias lingüísticas de larga duración en países extranjeros, de las que se aprovechan muy pocos estudiantes, son prácticamente imposibles para el mundo del trabajo. Eso significa que los trabajadores y las capas modestas de la sociedad se encuentran en un estado de inferioridad lingüística feudal, en un estado de subdesarrollo lingüístico comparable al estado de analfabetismo de los países en vías de desarrollo, intolerable en una época moderna.
Un diario regional francés, conservador, ha publicado por una vez la carta de un lector favorable a la lengua internacional esperanto, pero censurando este párrafo lleno de significado: «Las personas que tratan a los trabajadores inmigrados con ironía o desdén -porque se expresan mal en francés- podrían muy bien darse cuenta de que un día ellos serán tratados de la misma manera cuando sus conocimientos del inglés sean mediocres, lo que será con mucha frecuencia el caso. Hace falta ser muy cándido para creer que los francófonos igualarán un día a los anglófonos en ese dominio».
A propósito de bilingüismo, la revista "Francia-Québec" de diciembre de 1975 publicó un artículo titulado "Colonialismo y bilingüismo". Dicho artículo menciona un estudio de la Asociación de Profesores de la universidad Laval, y, según esta investigación, basada sobre la cifra del censo de 1961, cuantos más francófonos hay en la ciudad, tanto más aumenta el número de bilingües. Al contrario, cuanto más elevado es el número de anglófonos, tanto más disminuye el número de bilingües. El artículo concluye que se encuentra en Québec «la situación de todos los países colonizados del mundo. Son los dominados quienes se hacen bilingües». Agrega: «el bilingüismo tiene por resultado la eliminación completa de una de las lenguas». Las consecuencias que se derivarían de la elección de una lengua nacional para hacer el papel de lengua mundial serían muy graves. Los alumnos y los estudiantes no tienen sino muy raramente una idea sobre la amplitud del problema; una parte de ellos ignora incluso en absoluto la existencia de un idioma internacional sin lazos con una nación determinada o un grupo lingüístico, su utilización, sus aplicaciones, su difusión. Quedan huellas de la influencia de políglotas con mentalidad burguesa e intelectuales caducos que afirman que el esperanto es inútil y no viable. Esas gentes se resisten, como de una ofensa personal, porque personas de toda condición del mundo entero puedan comprenderse, sin intermediarios y sin dificultad, nada más que por medio de la lengua internacional esperanto, mientras que ellos han consagrado una gran parte de sus años juveniles en el estudio de varias lenguas. Ese estado de espítiru, herencia de una época burguesa cuya base era el elitismo o un elitismo con apariencias, es absolutamente incompatible con las exigencias de la democracia moderna.
La pretensión que se manifiesta por la negligencia de las lenguas y culturas no europeas constituye un insulto respecto a los pueblos que hablan otras lenguas, principalmente los del Tercer Mundo. Esa situación es tanto más indignante cuanto que un cuarto de la humanidad vive en un estado de analfabetismo, mientras que una política lingüística incoherente impone, en los países industriales, un estudio firme de dos o tres lenguas extranjeras, si no más. Es evidente que ese problema concierne a todos los hombres individualmente, pero para las organizaciones de ámbito internacional la cuestión es todavía más grave. Estas últimas tienen ya suficientes preocupaciones en razón de una acción diversificada que limita también la falta de medios financieros, de tiempo y de miembros dispuestos a ayudar. Sin embargo, la acción de organizaciones del mismo tipo o del mismo objetivo, actuando en diferentes países, podría ser una fuente particularmente rica en ideas y en iniciativas positivas; ello podría tener un efecto estimulante, a condición de que se suprima el obstáculo lingüístico. Existen dos métodos para dicha empresa: el burocrático y el democrático.
En lo que respecta al primero, las organizaciones democráticas no pueden esperar gran cosa, pues no es sino una solución caótica, costosa, paralizante y discriminatoria, utilizada por los organismos oficiales. De hecho, cuando una solución es fuente de problemas suplementarios para resolver, no es nada serio calificarla de "solución". Por otra parte, no existe mayor enemigo de la democracia y del progreso que la rutina y la burocracia.
Es imposible subestimar el problema lingüístico y menospreciar sus consecuencias sin poner la democracia en peligro. Está claro que muy pocos hombres pueden aprender perfectamente incluso una sola lengua extranjera. Cuanto más tiempo, dinero y fuerzas se consagren a aprender una lengua extranjera, se dispone de menos posibilidades para alcanzar ese fin. Es por lo que la solución democrática no se puede encontrar en una lengua nacional difícil. Nada es más fácil que atribuirse la palabra "demócrata". Sin embargo, el espíritu democrático de las organizaciones puede ser apreciado según su actitud frente al problema lingüístico, según la política lingüística que sostienen o proponen, según las soluciones que practican ya, según sus esfuerzos en vista de pasar del estado actual de discriminación lingüística a la democracia efectiva y práctica.
Sólo en el dominio sindical, el número de militantes que son capaces de tratar un asunto complicado, sin intermediario, con camaradas extranjeros, es lastimosamente bajo. ¿Es serio creer que el problema lingüístico se resolverá de manera satisfactoria, como por milagro, a nivel de los trabajadores, cuando no ha sido resuelto a nivel de organizaciones mundiales entre estados, cuyos medios exceden a los de no importa qué organización o movimiento estructurado?
Hay ya miembros de sindicatos, miembros de organizaciones, políticas o no, que utilizan la Lengua Internacional. Hasta la simple idea de volver a los medios acostumbrados de intercompresión es para ellos absolutamente pura fantasía. La frecuencia y la calidad de los contactos que tienen con sus camaradas del mundo entero constituyen una réplica irrefutable a todas las suposiciones y afirmaciones estereotipadas desprovistas de valor por los prejuicios que se encuentran en su origen en los "se dice" y en las apariencias.
La iniciativa de TUCEC abre ciertamente una nueva vía y contribuirá a un más amplio desarrollo de una política lingüística democrática moderna. Ese nuevo grupo por el esperanto en los sindicatos y el movimiento cooperador, fue fundado en 1976 en Gran Bretaña, y es precisamente ese hecho lo que lo hace más interesante. Aparece así que trabajadores británicos tienen conciencia de las consecuencias de la desigualdad lingüística, de la discriminación lingüística. La nota siguiente apareció en "The Worker Esperantist" a propósito de la arrogancia que reina en ciertos medios privilegiados anglófonos: «Esa actitud es peligrosa en los asuntos internacionales. Significa que los sindicalistas y cooperadores de otros países se esfuerzan en estudiar y comprender el funcionamiento del movimiento británico, mientras que nosotros no estudiamos y no comprendemos jamás a la clase obrera de otros países. Y podríamos aprender mucho».
Para teminar, la opinión de un hombre competente en inglés es igualmente interesante. A un reportero de la "Esperanto-Redakcio" de Radio Polonia, el Dr. John Wells, profesor de fonética de la lengua inglesa en el London College, ha contestado a propósito de la relación entre el inglés y el esperanto, que «la posición actual del inglés viene en gran parte de la potencia económica de los países de lengua inglesa, y principalmente de EE.UU.» Y ha agregado: «Mis principales temores en lo que se refiere al estado actual de la cuestión, vienen de que se podría desembocar en una situación en la que la "élite", la élite cultivada, educada, dispusiera de un medio suficientemente adecuado de intercomprensión, pues conseguiría aprender y utilizar bien el inglés, en tanto que las amplias masas del pueblo permanecerían sin un verdadero medio de intercomunicación, ya que lo aprenderían como una especie de código, y esto no es suficiente para las necesidades humanas. El esperanto, en razón de sus cualidades lingüísticas, es más fácil, mucho más fácil que el inglés; pienso principalmente en las etapas que siguen al principio; el inglés es fácil al principio, pero no lo es en absoluto después. Por eso, por unos principios democráticos generales, yo preferiría ver el éxito del esperanto y no del inglés».